El 26 de agosto de 2026, una enorme masa de hielo y roca se desprendió de las alturas de Langtang Lirung, en Nepal, cerca de la frontera con China. En cuestión de minutos, lo que comenzó como una falla en una ladera de alta montaña se transformó en una avalancha, después en un flujo de escombros y finalmente en una inundación capaz de recorrer decenas de kilómetros por los estrechos valles del Himalaya.
Cuatro días después, el balance humano seguía aumentando. Una actualización de Associated Press difundida el 30 de agosto situó la cifra en alrededor de 800 muertos y más de 3,000 desaparecidos. Reuters, en una actualización anterior del mismo día, contabilizaba 750 fallecidos: 734 en Nepal y 16 en el condado chino de Gyirong. La diferencia ilustra por qué cualquier cifra debe considerarse provisional mientras continúan las búsquedas, la identificación de víctimas y la llegada de información desde zonas aisladas.
El desastre destruyó poblados, carreteras, puentes, instalaciones fronterizas y proyectos hidroeléctricos. Más de 90,000 personas podrían haber resultado afectadas, según una estimación de la Cruz Roja citada por Reuters. Cientos de trabajadores quedaron atrapados o desaparecidos en complejos hidroeléctricos y túneles, mientras las lluvias, los deslizamientos secundarios y los nuevos represamientos naturales complicaban el rescate.
Pero describir lo ocurrido simplemente como una “inundación” oculta la parte más importante. Tampoco parece haber sido una inundación convencional provocada por la ruptura de un lago glaciar. La evidencia disponible apunta a una cadena mucho más compleja: una masa de hielo y roca se desprendió de una ladera muy elevada, ganó velocidad, erosionó la montaña, incorporó agua y sedimentos y terminó convertida en un flujo de enorme energía.
Ese mecanismo convierte a Langtang en algo más que una tragedia local. El desastre muestra un tipo de riesgo que preocupa cada vez más a los científicos del Himalaya: montañas donde glaciares, roca fracturada, permafrost, lluvia y ríos pueden interactuar y producir catástrofes en cascada. Y ocurre precisamente cuando la región está perdiendo hielo con rapidez.
Cómo comenzó el desastre
Las investigaciones más recientes de especialistas chinos sitúan el origen en una sección glaciar de Langtang Lirung, una montaña de aproximadamente 7,200 metros de altura. En una conferencia de prensa del gobierno regional chino, científicos del Institute of Mountain Hazards and Environment de la Academia China de Ciencias explicaron que el glaciar se fracturó a unos 5,200 metros de altitud.
La masa descendió rápidamente hasta aproximadamente 4,000 metros. Durante la caída erosionó la ladera y arrastró grandes cantidades de roca. Después se convirtió en un flujo de escombros que recorrió unos 22 kilómetros hasta alcanzar Gyirong Port, situado a unos 1,800 metros de altitud en el lado chino de la frontera.
Según esa reconstrucción, el flujo llegó al puerto apenas seis o siete minutos después del colapso inicial. Allí arrasó aproximadamente 0.7 kilómetros cuadrados y destruyó 27 edificios e instalaciones. Los investigadores atribuyeron la enorme capacidad destructiva a la combinación de una gran diferencia de altura, un valle estrecho, una masa inicial importante y la incorporación progresiva de agua, morrenas y sedimentos.
El análisis del USGS llegó a conclusiones compatibles a partir de registros sísmicos e imágenes satelitales. El colapso generó una señal tan intensa que inicialmente fue interpretada como un terremoto. Después, el organismo estadounidense reclasificó el fenómeno como un deslizamiento con energía sísmica equivalente aproximadamente a un sismo de magnitud 5.2.
Esto es importante porque cambia la secuencia causal. No hay evidencia de que un terremoto tectónico grande haya ocurrido primero y derribado el glaciar. En cambio, la enorme masa en movimiento parece haber generado ella misma buena parte de la señal sísmica. Un segundo evento importante fue registrado unas horas después, lo que indica que la montaña siguió reajustándose.

De avalancha a río de escombros
Una avalancha de hielo y roca no se comporta como un bloque compacto que simplemente cae y se detiene. Mientras desciende, la masa se fragmenta. Las rocas chocan y se rompen. El hielo se tritura y puede derretirse parcialmente por la fricción y los impactos. El material arranca más sedimentos de la ladera y, cuando entra en canales con agua, incorpora líquido y escombros adicionales.
El resultado puede transformarse en un flujo extremadamente móvil. En lugar de una masa seca que pierde energía rápidamente, aparece una mezcla densa de agua, lodo, hielo, piedras y bloques capaz de continuar río abajo durante muchos kilómetros.
El USGS estimó que los efectos del flujo y la inundación se extendieron aproximadamente 100 kilómetros por el sistema fluvial. ICIMOD documentó que el nivel del río Trishuli en Galchchi llegó a aumentar hasta nueve metros en unos 30 minutos y en Malekhu subió alrededor de siete metros en un periodo semejante. Incluso varias estaciones hidrológicas fueron dañadas o arrasadas.
Es útil imaginar la diferencia entre agua limpia y una corriente de escombros. Una crecida de río puede empujar con enorme fuerza. Un flujo de escombros, además, transporta piedras, troncos y fragmentos de estructuras que funcionan como proyectiles y aumentan todavía más la capacidad destructiva.
Por eso una falla producida a gran altitud pudo destruir lugares situados muy lejos del punto de origen. El verdadero corredor del desastre no fue únicamente la ladera: fueron también los arroyos y ríos que conectan las montañas con los asentamientos humanos.
Una catástrofe que cruzó la frontera
El agua no reconoce fronteras políticas. El sistema de ríos de esta parte del Himalaya conecta Nepal con la Región Autónoma del Tíbet. En Nepal, el gobierno informó que la inundación afectó las áreas ribereñas de Rasuwa, Nuwakot, Dhading y Gorkha. El Ministerio de Relaciones Exteriores estableció además una sala de emergencia para coordinar información sobre extranjeros desaparecidos.
En China, Gyirong Port recibió directamente el impacto de la corriente. El lugar no era una comunidad aislada sin actividad: es uno de los pasos terrestres importantes entre Nepal y China, con instalaciones comerciales, administrativas y de transporte concentradas en el fondo del valle.
La combinación de exposición humana y velocidad fue decisiva. Según los especialistas chinos, desde el desprendimiento inicial hasta la llegada del flujo al puerto transcurrieron solamente seis o siete minutos. Para una población situada directamente en la trayectoria, ese intervalo deja un margen mínimo incluso si existe un sistema de detección.
Esta característica diferencia el peligro de otros fenómenos naturales. Un huracán puede seguirse durante días. Una crecida lenta de río puede dar horas de preparación. Una avalancha de hielo y roca puede producirse después de años de deformación casi imperceptible y, una vez iniciada, alcanzar comunidades cercanas en minutos.
El desastre produjo nuevos peligros
El primer flujo no necesariamente representa el final. Cuando millones de toneladas de material caen en un valle, pueden bloquear ríos y formar represas naturales. Detrás de esas barreras comienza a acumularse agua. Si la presa de escombros falla de manera repentina, una segunda inundación puede descender por el mismo corredor.
Eso ocurrió después de Langtang. Las autoridades chinas vigilaron una presa natural de aproximadamente 60 metros de altura y 1,100 metros de longitud. El lago formado detrás tenía una superficie cercana a 0.1 kilómetros cuadrados y una capacidad estimada en 2.2 millones de metros cúbicos. Para el 30 de agosto, las autoridades consideraban que la barrera estaba relativamente estable y que el agua estaba saliendo por desbordamiento.
Sin embargo, Reuters informó que, cuando uno de los represamientos comenzó a drenar, un nuevo deslizamiento formó otra barrera varios kilómetros río abajo. En otras palabras, la propia catástrofe estaba remodelando el valle y fabricando nuevos riesgos.
Este encadenamiento se denomina peligro en cascada. Un desprendimiento produce una avalancha; la avalancha genera un flujo de escombros; el flujo bloquea un río; el bloqueo forma un lago; y la ruptura del lago puede causar otra inundación. Cada etapa modifica las condiciones para la siguiente.
No fue simplemente la ruptura de un lago glaciar
Durante las primeras horas circularon versiones que atribuían la inundación a un lago glaciar. Era una hipótesis razonable porque el Himalaya ha sufrido repetidamente inundaciones por vaciamiento súbito de lagos glaciares, conocidas por sus siglas en inglés como GLOF.
Un lago glaciar puede formarse cuando un glaciar retrocede y deja una depresión que se llena de agua. En ocasiones queda contenido por una morrena, es decir, una acumulación de piedras, grava y sedimentos depositados por el propio glaciar. Si esa barrera falla, el agua puede liberarse de forma repentina.
Langtang parece haber seguido otro camino. ICIMOD señaló el mismo día del desastre que las evidencias preliminares apuntaban hacia una avalancha de hielo y roca. La investigación posterior presentada por especialistas chinos identificó una fractura glaciar y una avalancha hielo-roca como inicio del proceso. El USGS, de forma independiente, encontró una gran falla de pendiente en la misma región.
La diferencia es esencial para la prevención. Si únicamente se vigilan lagos glaciares, pueden quedar fuera del radar paredes de hielo, glaciares colgantes y laderas rocosas capaces de generar desastres similares sin que exista un gran lago previo.
¿Fue causado por el cambio climático?
Ésta es la pregunta más delicada y exige distinguir entre contexto, mecanismo y causa inmediata.
Los investigadores chinos declararon que consideran la inestabilidad glaciar resultado de los efectos a largo plazo del calentamiento climático. Sin embargo, ICIMOD fue más cauteloso en su evaluación inicial y señaló que, aunque el cambio climático está alterando glaciares, nieve, permafrost y laderas en toda la región, era demasiado pronto para determinar qué papel desempeñó específicamente en este evento.
Ambas afirmaciones pueden coexistir si se entiende la diferencia. Está bien establecido que el calentamiento antropogénico está provocando retroceso glaciar y degradación del permafrost. También existe evidencia de que esas transformaciones pueden modificar la estabilidad de laderas de alta montaña. Pero demostrar que el calentamiento fue el desencadenante preciso de un colapso específico requiere estudiar el lugar, reconstruir su evolución y descartar otros factores.
Las montañas del Himalaya son geológicamente jóvenes, empinadas y sísmicamente activas. Los desprendimientos, avalanchas y deslizamientos existían mucho antes del calentamiento moderno. Por eso no es correcto decir que cualquier derrumbe glaciar es automáticamente “causado por el cambio climático”.
La formulación más rigurosa, por ahora, es ésta: Langtang ocurrió dentro de una región donde el calentamiento está alterando rápidamente las condiciones que influyen sobre la estabilidad de glaciares y laderas; especialistas chinos atribuyen el evento a inestabilidad glaciar bajo calentamiento prolongado, pero una atribución causal completa del colapso concreto todavía requiere investigación.

Por qué una montaña puede cambiar cuando pierde hielo
Un glaciar no es simplemente hielo decorando una montaña. Forma parte de su sistema físico. Tiene peso, ocupa espacio, ejerce presión y se relaciona con agua, sedimentos y roca.
Cuando un glaciar se adelgaza o retrocede, pueden quedar expuestas paredes que antes estaban cubiertas o apoyadas por hielo. El agua de deshielo puede entrar en fracturas. Las variaciones de temperatura pueden modificar el hielo existente dentro de esas grietas. El terreno puede reajustarse a una nueva distribución de cargas.
El resultado no es necesariamente un colapso. Muchas laderas cambian sin producir grandes catástrofes. Pero el retroceso glaciar puede transformar las condiciones mecánicas de pendientes que durante mucho tiempo estuvieron en equilibrio relativo.
Por eso los científicos hablan de “preacondicionamiento”. El calentamiento puede hacer que una ladera sea más susceptible sin ser necesariamente el último empujón que desencadena la falla. La lluvia intensa, una fractura progresiva, un pequeño movimiento sísmico o simplemente la gravedad actuando sobre una masa debilitada pueden terminar por producir el colapso.
El permafrost: el hielo escondido en la roca
Otra pieza importante es el permafrost, término que describe suelo o roca que permanece a 0 °C o menos durante al menos dos años consecutivos. En las altas montañas, no siempre aparece como una masa visible. El hielo puede ocupar pequeñas grietas dentro de paredes rocosas.
Ese hielo puede contribuir a la resistencia mecánica de una ladera. Cuando se calienta o desaparece, las propiedades de las fracturas cambian. El agua líquida también puede circular por espacios antes congelados.
ICIMOD advierte que el permafrost del Hindu Kush Himalaya se está degradando. Su estrategia regional de criósfera publicada en agosto de 2026 identifica esa degradación, junto con la pérdida glaciar y los cambios en la nieve, como parte de una transformación que está modificando riesgos de avalanchas, deslizamientos, flujos de escombros e inundaciones.
Eso no demuestra que el permafrost haya causado Langtang. Sí explica por qué los científicos consideran insuficiente vigilar solamente la superficie de los glaciares.
Los glaciares del Himalaya están perdiendo masa con rapidez
Aquí la evidencia es mucho más firme. En marzo de 2026, ICIMOD publicó dos evaluaciones importantes sobre los glaciares del Hindu Kush Himalaya. La región contiene más de 63,700 glaciares y la mayor concentración de hielo fuera de las zonas polares.
Entre 1990 y 2020, los glaciares de la región perdieron alrededor de 12% de su superficie y aproximadamente 9% de sus reservas estimadas de hielo. Los investigadores encontraron además que la pérdida de masa se aceleró después del año 2000.
El HKH Glacier Outlook 2026 reunió observaciones de 38 glaciares y concluyó que el desgaste glaciar se había duplicado en el periodo posterior a 2000. El mismo informe destacó un problema serio de datos: solamente siete de esos glaciares cumplen los estándares globales de monitoreo de referencia del World Glacier Monitoring Service.
En otras palabras, los científicos conocen con bastante confianza la tendencia regional —el hielo disminuye y la pérdida se acelera—, pero todavía existen grandes vacíos cuando se intenta comprender cada glaciar y cada pendiente por separado.
La nieve también está cambiando. En abril de 2026, ICIMOD informó que la persistencia de nieve en el Hindu Kush Himalaya se encontraba 27.8% por debajo del promedio histórico y marcaba el cuarto año consecutivo por debajo de lo normal. Estos datos no predijeron Langtang, pero muestran que el desastre ocurrió dentro de una criósfera sometida a cambios excepcionales.
Chamoli 2021: una advertencia
El desastre de Langtang tiene un precedente que ayuda a entenderlo. El 7 de febrero de 2021, una enorme masa de roca y hielo se desprendió en Chamoli, en el estado indio de Uttarakhand.
La avalancha descendió hacia los valles de Rishiganga y Dhauliganga, se transformó en un flujo extremadamente móvil y destruyó infraestructura, puentes y dos proyectos hidroeléctricos. Murieron más de 200 personas.
Un estudio publicado en Scientific Reports estimó que la masa desprendida alcanzó unos 27 millones de metros cúbicos. Los investigadores detectaron además señales sísmicas de deformación y fracturación en las horas previas al colapso, un hallazgo que alimentó la discusión sobre sistemas de alerta temprana.
En marzo de 2026, un artículo de perspectiva en Communications Earth & Environment utilizó Chamoli para advertir que las avalanchas de hielo y roca seguían insuficientemente representadas en los mapas de riesgo y los marcos de preparación del Himalaya.
El trabajo contrastó Chamoli con Blatten, Suiza, donde en mayo de 2025 una avalancha de hielo y roca enterró gran parte de una población, pero una evacuación previa redujo drásticamente el número de víctimas. La diferencia no fue que la avalancha suiza fuera pequeña, sino que existían observación, monitoreo y mecanismos institucionales capaces de convertir señales de inestabilidad en decisiones rápidas.
Langtang ya había sufrido una avalancha mortal en 2015
La propia región conocía este peligro. El terremoto de Gorkha del 25 de abril de 2015, de magnitud 7.8, desencadenó una enorme avalancha en el valle de Langtang. Millones de metros cúbicos de material descendieron desde gran altura y sepultaron parte del asentamiento, causando más de 200 muertes.
La comparación es útil precisamente porque las causas inmediatas fueron diferentes. En 2015 hubo un terremoto extraordinariamente fuerte que actuó como desencadenante claro. En 2026, la gran señal sísmica parece haber sido producida por el propio colapso.
La lección no es que ambos eventos sean iguales, sino que una misma región puede producir catástrofes mediante diferentes combinaciones de hielo, roca, gravedad, agua y actividad sísmica.
Hidroeléctricas, carreteras y poblaciones en el corredor del peligro
Un fenómeno natural no se convierte automáticamente en desastre. Para que exista una catástrofe humana también debe existir exposición.
En el Himalaya, los valles concentran asentamientos y prácticamente toda la infraestructura posible. Las pendientes son demasiado abruptas para construir en muchos otros lugares. Carreteras, puentes, estaciones fronterizas y centrales hidroeléctricas terminan junto a los ríos, exactamente donde también viajan inundaciones y flujos de escombros.
Langtang mostró esa vulnerabilidad de forma extrema. Reuters informó que centenares de trabajadores de proyectos hidroeléctricos estaban entre los desaparecidos y que algunos grupos quedaron atrapados dentro de túneles. Nepal pidió asistencia internacional especializada para rescate en túneles, identificación forense y manejo de cuerpos.
El ministro de Finanzas nepalí estimó de forma preliminar que la reconstrucción podría requerir entre 4,000 y 5,000 millones de dólares, una cifra cercana a una décima parte del tamaño de la economía del país. Los daños alcanzaron proyectos eléctricos que representaban más de 12% de la capacidad energética nacional.
Estas estimaciones cambiarán cuando exista un inventario completo de daños. Aun así, dejan claro que el riesgo glaciar no es únicamente una cuestión de aldeas remotas: puede afectar energía, comercio, transporte y finanzas nacionales.
¿Se puede prever el próximo colapso?
Predecir el momento exacto de una avalancha de hielo y roca sigue siendo extremadamente difícil. Una grieta puede permanecer estable durante mucho tiempo. Una pendiente puede deformarse lentamente durante años y después acelerar en días u horas.
La escala del Himalaya agrava el problema. Existen decenas de miles de glaciares distribuidos por varios países, muchos en lugares a los que apenas se puede llegar físicamente.
Sin embargo, la vigilancia moderna ofrece herramientas importantes. Los satélites permiten comparar cambios durante años. El radar interferométrico puede detectar ciertos desplazamientos de la superficie. Las estaciones sísmicas registran fracturas y movimientos. Las cámaras, sensores térmicos, GPS y estaciones meteorológicas pueden vigilar pendientes seleccionadas.
La propuesta de varios investigadores no es cubrir cada metro del Himalaya con instrumentos. Es utilizar archivos satelitales y análisis geomorfológicos para identificar un número relativamente pequeño de laderas especialmente peligrosas y concentrar allí el monitoreo detallado.
La prevención también requiere mapas que respondan una pregunta práctica: si esta pendiente colapsa, ¿qué poblaciones, carreteras, puentes o centrales estarán en la trayectoria? Esa información permite actuar incluso cuando no es posible predecir la fecha exacta del desastre.
La alerta temprana tiene un límite físico
Langtang demuestra también que una sirena no resuelve todo. Si el flujo puede recorrer la distancia entre la montaña y una población en seis o siete minutos, el tiempo disponible para detectar el colapso, verificarlo, emitir la advertencia y evacuar es mínimo.
Por eso la gestión del riesgo debe comenzar mucho antes del desprendimiento. Incluye identificar zonas de peligro, evitar colocar infraestructura crítica en corredores de máxima exposición cuando existan alternativas, diseñar rutas de evacuación, mantener comunicaciones transfronterizas y entrenar a las comunidades.
ICIMOD ha insistido en que la información por sí sola no basta. Las advertencias tienen que llegar a personas que sepan qué significan y qué deben hacer. En un desastre que cruza fronteras, el intercambio de datos entre Nepal y China puede convertirse literalmente en infraestructura de seguridad.
Un Himalaya compartido por millones
El Hindu Kush Himalaya suministra agua a algunos de los grandes sistemas fluviales de Asia. Más de 270 millones de personas viven directamente en las regiones montañosas y más de dos mil millones dependen, en diferentes grados, del agua y de los ecosistemas conectados con ellas, según ICIMOD.
Esto introduce otra paradoja. Durante ciertas etapas del retroceso glaciar puede liberarse más agua. Pero a largo plazo se está consumiendo una reserva acumulada durante siglos.
Una analogía sencilla es una cuenta de ahorro. Retirar dinero puede aumentar temporalmente el efectivo disponible, pero si se retira constantemente más de lo que entra, el capital disminuye.
Los glaciares cumplen además funciones hidrológicas estacionales. Su pérdida puede cambiar cuándo y cuánto agua llega a los ríos, con implicaciones para agricultura, consumo humano, ecosistemas y generación eléctrica.
Por eso los problemas de la criósfera no terminan en las montañas. Lo que ocurre a 5,000 metros de altura puede afectar economías y poblaciones situadas cientos o miles de kilómetros río abajo.
Lo que todavía no sabemos
La investigación de Langtang está apenas comenzando. Todavía quedan preguntas importantes sobre la proporción exacta de hielo y roca en la masa inicial, la historia de deformación de la ladera, el papel del agua, la condición del permafrost y la posible existencia de señales precursoras detectables.
También será necesario reconstruir cuánto material incorporó el flujo durante el recorrido y cómo evolucionaron los distintos represamientos naturales. Las imágenes satelitales, los registros sísmicos, los estudios de campo y los modelos numéricos permitirán mejorar esa reconstrucción.
Igualmente, la atribución climática deberá ser más precisa. Saber que una región se está calentando no permite automáticamente asignar cada desastre al calentamiento. Para hacerlo correctamente hay que estudiar el mecanismo concreto y separar condiciones de fondo, factores que aumentan vulnerabilidad y desencadenantes inmediatos.
Las primeras explicaciones pueden modificarse conforme aparezcan mejores datos. Eso no es una falla del método científico. Es precisamente lo que debe ocurrir cuando una investigación permanece abierta.
Lo que sí podemos concluir
Ya existe suficiente evidencia para establecer varios hechos centrales. El 26 de agosto de 2026 se produjo una gran falla de una pendiente glaciar en Langtang Lirung. La masa incorporó hielo y roca, descendió miles de metros, se convirtió en un flujo de escombros y sus efectos se extendieron por el sistema fluvial hasta Nepal y China.
El proceso generó una señal sísmica equivalente aproximadamente a un terremoto de magnitud 5.2. Alcanzó Gyirong Port en cuestión de minutos y destruyó asentamientos e infraestructura. Para el 30 de agosto, las cifras más recientes situaban el balance alrededor de 800 muertos y más de 3,000 desaparecidos, aunque el conteo seguía cambiando.
Sabemos también, independientemente de Langtang, que los glaciares del Hindu Kush Himalaya están perdiendo masa a una velocidad creciente; que la nieve y el permafrost están cambiando; y que avalanchas de hielo y roca como Chamoli pueden convertirse en peligros de gran alcance río abajo.
La lección más importante es que perder hielo no significa simplemente ver menos blanco sobre las montañas. Puede significar una reorganización del paisaje: nuevas paredes expuestas, nuevas fracturas, nuevos lagos, nuevos cauces y nuevas zonas inestables.
El Himalaya siempre ha sido una región dinámica y peligrosa. Lo nuevo es que ese sistema natural está cambiando con rapidez mientras cada vez más población e infraestructura dependen de los estrechos valles situados debajo.
La pregunta, por tanto, ya no es solamente cuánto hielo perderá el Himalaya. También es qué ocurrirá con las montañas durante esa transición, qué riesgos aparecerán y si Nepal, China y los demás países de la región podrán detectarlos con suficiente anticipación.
Langtang comenzó como una falla a más de 5,000 metros de altura. La catástrofe demostró que, en el Himalaya, lo que ocurre en una pared remota de hielo y roca puede terminar convirtiéndose en un problema humano, energético y económico a decenas de kilómetros de distancia.
Fuentes Consultadas
- U.S. Geological Survey — 2026 Nepal Debris Avalanche and Flash Flood
- International Centre for Integrated Mountain Development (ICIMOD) — Major flash flood sweeps through Nepal’s Rasuwa district, raising fears of further downstream flooding
- Government of Nepal, Ministry of Home Affairs — Official Disaster Relief Appeal
- Government of Nepal, Ministry of Foreign Affairs — NOTICE: Emergency Control Room (ECR) for Assistance regarding Foreign Nationals Affected by the Bhote Koshi Flash Flood
- Xinhua News Agency — China Focus: Ice-rock avalanche in Nepal triggers deadly mudslide in China’s Xizang
- Reuters — Rescuers race to find thousands missing after Nepal-China glacier collapse
- Reuters — Nepal’s flood damage may cost up to a tenth of economy to rebuild
- Associated Press — Satellite images show bedrock and glacier collapsed on Nepal-China border, then rivers flooded
- ICIMOD — Hindu Kush Himalaya glaciers losing ice at double the rate since 2000, new ICIMOD report confirm
- ICIMOD — Presenting the regional cryosphere strategy to chart a coordinated cryosphere monitoring in Hindu Kush Himalaya.
- ICIMOD — Hindu Kush Himalaya snowpack crashes to record low for fourth straight year, water shortages imminent
- Rayees Ahmed et al., Communications Earth & Environment — Ice-rock avalanches in a warming Himalaya indicate pathways toward effective preparedness
- Anil Tiwari et al., Scientific Reports — Potential seismic precursors and surficial dynamics of a deadly Himalayan disaster: an early warning approach

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