El 30 de agosto de 2026, un cohete Falcon Heavy despegó del Centro Espacial Kennedy, en Florida, llevando uno de los observatorios más ambiciosos construidos por NASA. A simple vista, el Nancy Grace Roman Space Telescope pertenece a la misma familia intelectual que Hubble y James Webb: un gran telescopio espacial diseñado para observar un universo que la atmósfera terrestre nos oculta parcialmente. Pero su historia es mucho menos convencional.
El corazón óptico de Roman no nació como parte del proyecto Roman. En 2012, la National Reconnaissance Office (NRO), la agencia estadounidense responsable de satélites de reconocimiento, puso a disposición de NASA dos conjuntos de telescopio de 2.4 metros. NASA llevaba años estudiando una misión de astronomía infrarroja de gran campo, entonces conocida como WFIRST. La aparición de aquellas ópticas cambió el diseño: en lugar del telescopio más pequeño concebido originalmente, la agencia podía trabajar alrededor de un espejo del mismo diámetro que el de Hubble.
Eso no significa que Roman sea simplemente “un satélite espía convertido en telescopio astronómico”. Esa descripción resulta demasiado simplista. NASA heredó componentes ópticos, pero tuvo que modificar el espejo, construir una nave espacial, desarrollar instrumentos científicos, sistemas térmicos, electrónica, detectores, software y toda la infraestructura necesaria para operar un observatorio a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra. El resultado es una misión nueva, construida para hacer ciencia abierta.
Y ésa es precisamente la paradoja que hace a Roman tan interesante: una tecnología procedente del mundo del reconocimiento espacial terminó integrada en un observatorio cuya función será mirar en la dirección opuesta, no hacia la superficie terrestre sino hacia miles de millones de galaxias, estrellas y sistemas planetarios. Su propósito ya no es observar un territorio específico con enorme detalle, sino convertir grandes extensiones del cielo en datos científicos.
Roman ya está en camino
Durante años se habló de Roman como “el próximo gran telescopio de NASA”. Esa descripción dejó de ser correcta el 30 de agosto de 2026. NASA confirmó que el observatorio despegó a las 7:26 de la mañana, hora del este de Estados Unidos, a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX. Después de la secuencia de ascenso y de las maniobras de la etapa superior, el telescopio se separó correctamente del cohete y comenzó su viaje hacia su destino operacional.

Roman se dirige al segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, conocido como L2, una región situada aproximadamente a 1.5 millones de kilómetros de nuestro planeta en la dirección opuesta al Sol. No se quedará inmóvil en un punto matemático, sino que operará en una órbita alrededor de esa región. La ubicación proporciona un entorno térmico y geométrico estable, útil para observaciones astronómicas precisas.
James Webb también opera alrededor de L2. La razón es práctica: manteniendo al Sol, la Tierra y la Luna aproximadamente en la misma dirección, un observatorio puede protegerse mejor de su luz y calor. En el caso de Roman, esa estabilidad será importante para realizar enormes programas de observación en el infrarrojo cercano y repetir mediciones con gran precisión.
NASA indicó que el viaje hacia esa región durará alrededor de tres meses. La ciencia no comenzará inmediatamente después de la llegada. Como ocurre con otros observatorios espaciales complejos, será necesario desplegar, comprobar, calibrar y caracterizar sus sistemas antes de iniciar las observaciones científicas regulares. NASA ha señalado que Roman estará plenamente operativo en 2027.
Antes de Roman existió WFIRST
Para entender por qué el telescopio terminó usando óptica procedente del NRO hay que retroceder antes de 2012. La misión científica no nació a partir de la donación. El problema científico ya existía.
Durante la década de 2000, astrónomos y agencias estadounidenses estudiaron diferentes conceptos para investigar tres grandes áreas: la expansión acelerada del universo, la búsqueda estadística de planetas alrededor de otras estrellas y la observación infrarroja de grandes regiones del cielo. Varias ideas terminaron confluyendo en el concepto Wide-Field Infrared Survey Telescope, o WFIRST.
En 2010, el informe decenal de astronomía y astrofísica de las Academias Nacionales de Estados Unidos colocó a WFIRST como su principal prioridad para una gran misión espacial de la década. Estos estudios decenales son importantes porque la comunidad científica estadounidense los utiliza para ordenar prioridades y recomendar qué grandes proyectos deberían recibir atención y recursos.
El WFIRST imaginado entonces no era exactamente el Roman que hoy viaja hacia L2. El concepto original contemplaba un telescopio menor, aproximadamente de 1.3 a 1.5 metros según las distintas variantes que se estudiaron. Su fortaleza debía ser el campo amplio: no competir con Hubble observando un objeto diminuto durante mucho tiempo, sino combinar buena resolución con la capacidad de cubrir regiones mucho mayores.
En otras palabras, la misión científica existía antes de que apareciera el hardware del NRO. La donación no creó la pregunta; cambió la herramienta con la que NASA podía intentar responderla.
El inesperado regalo del NRO
En junio de 2012 se hizo público que la National Reconnaissance Office había puesto a disposición de NASA dos sistemas ópticos con espejos primarios de 2.4 metros. Ése es el mismo diámetro del espejo de Hubble.
El NRO forma parte de la comunidad de inteligencia estadounidense y desarrolla y opera sistemas de reconocimiento desde el espacio. Buena parte de los detalles técnicos de sus programas son clasificados. Por esa razón es importante separar lo que está documentado de lo que suele añadirse por deducción. Las fuentes de NASA confirman el origen de los activos ópticos y su transferencia; no proporcionan una historia pública completa de la misión operacional específica para la cual cada componente pudo haber sido concebido.
La oportunidad, sin embargo, era evidente. NASA ya tenía entre sus prioridades una misión de reconocimiento astronómico infrarrojo. De pronto disponía de óptica espacial de 2.4 metros que podía estudiarse como base para una versión mucho más capaz de WFIRST.
En 2012 y 2013, NASA organizó estudios para determinar qué usos científicos podían darse a esos activos. El trabajo recibió el nombre de Astrophysics Focused Telescope Assets, AFTA. La conclusión fue que el telescopio de mayor apertura podía mejorar de manera considerable las capacidades científicas de WFIRST y, además, abrir la posibilidad de incorporar un coronógrafo experimental para observar directamente sistemas planetarios cercanos.
Pero “recibir un telescopio” no equivalía a recibir una misión terminada ni gratuita. Éste fue un punto que NASA dejó claro desde el principio. Todavía había que diseñar y construir prácticamente todo lo necesario para convertir aquel conjunto óptico en un observatorio espacial moderno: instrumentos, estructura, sistemas de control, electrónica, comunicaciones, protección térmica, integración, pruebas, lanzamiento y operaciones.
El espejo era una pieza extraordinariamente valiosa. No era el producto completo.
Un espejo del tamaño de Hubble, pero para una tarea distinta
Roman y Hubble tienen espejos primarios de 2.4 metros, pero esa coincidencia puede provocar una idea equivocada: que ambos telescopios harán esencialmente lo mismo. No es así.
Hubble fue diseñado como un observatorio general de alta resolución capaz de estudiar objetivos seleccionados con enorme detalle. Roman también podrá producir imágenes nítidas, pero su ventaja principal es la combinación entre resolución y campo de visión.
NASA estima que el Wide Field Instrument de Roman puede captar en una sola exposición una región del cielo por lo menos cien veces mayor que la que Hubble cubre con comparables niveles de detalle. La analogía más sencilla es pensar en dos cámaras con nitidez semejante, pero una equipada con una ventana visual enormemente más amplia.
Esto cambia el tipo de preguntas que pueden responderse. Si se quiere estudiar una galaxia individual, la profundidad y flexibilidad de Hubble siguen siendo extraordinarias. Pero si la pregunta requiere medir cientos de millones de galaxias, observar repetidamente campos repletos de estrellas o construir estadísticas de grandes poblaciones, un instrumento de gran campo adquiere una ventaja decisiva.
NASA calcula que durante sus primeros cinco años de observaciones Roman fotografiará más de cincuenta veces el área del cielo que Hubble cubrió durante sus primeras tres décadas. No porque Hubble sea inferior, sino porque fueron optimizados para estrategias distintas.
El Wide Field Instrument: una máquina para hacer mapas cósmicos
El instrumento científico principal de Roman es el Wide Field Instrument, WFI. Se trata de una cámara y espectrómetro sin rendija que trabaja principalmente en longitudes de onda visibles e infrarrojas cercanas.
Su plano focal utiliza 18 detectores de 4096 por 4096 píxeles. En conjunto, el sistema ronda los 300 megapíxeles. Pero el número de píxeles por sí solo no explica su importancia. Lo decisivo es la combinación de sensibilidad, estabilidad, resolución angular y campo de visión.
El WFI abarca aproximadamente 0.28 grados cuadrados del cielo en una toma. Puede parecer poco, pero para un telescopio espacial con resolución similar a Hubble representa una enorme ventana. Su función es realizar levantamientos: observar regiones extensas de forma sistemática y convertirlas en mapas que después pueden analizar miles de investigadores.
El término “survey” puede traducirse como sondeo, reconocimiento o cartografiado. En astronomía describe una estrategia distinta a apuntar el telescopio hacia un solo objeto. Un levantamiento intenta observar un conjunto de regiones siguiendo reglas uniformes para construir una muestra estadística. Eso permite encontrar patrones que serían imposibles de detectar estudiando unos cuantos objetos aislados.
Roman es, en esencia, una gran máquina de censos astronómicos.

Cartografiar el universo para estudiar lo que no podemos ver
Una de las tareas centrales de Roman será investigar la materia oscura y la energía oscura, dos nombres que revelan tanto nuestra ignorancia como nuestro conocimiento.
La materia oscura no se observa directamente mediante luz, pero su gravedad afecta el movimiento de estrellas y galaxias y desvía la trayectoria de la luz procedente de objetos más lejanos. La energía oscura es el nombre que damos al fenómeno o componente responsable, dentro de nuestros modelos cosmológicos, de la expansión acelerada del universo. Sabemos que esa aceleración existe por múltiples líneas de evidencia; no sabemos todavía cuál es la naturaleza física última de aquello que la causa.
Roman no llevará un “detector de energía oscura”. Lo que hará será medir el universo visible con suficiente extensión y precisión para poner a prueba modelos cosmológicos.
Uno de sus programas principales, el High-Latitude Wide-Area Survey, cubrirá más de 5,000 grados cuadrados, aproximadamente 12 por ciento de todo el cielo. Esa encuesta construirá imágenes y mapas tridimensionales de cientos de millones de galaxias.
¿Cómo puede un mapa de galaxias decir algo sobre materia invisible? Porque la distribución de las galaxias conserva información sobre cómo creció la estructura del universo. Además, la gravedad de materia situada entre nosotros y galaxias lejanas distorsiona ligeramente sus imágenes, un fenómeno llamado lente gravitacional débil. Midiendo estadísticamente esas pequeñas deformaciones sobre enormes cantidades de galaxias, los astrónomos pueden reconstruir cómo se distribuye la masa, incluida la materia oscura.
Es parecido a deducir la forma de un vidrio observando cómo distorsiona miles de imágenes detrás de él. No vemos directamente el material invisible, pero sí medimos sus efectos.
La expansión acelerada y el problema de la energía oscura
Desde finales de la década de 1990 sabemos que la expansión del universo no está disminuyendo de velocidad como muchos modelos sencillos habrían sugerido, sino acelerándose. Ese descubrimiento transformó la cosmología moderna.
La explicación más simple dentro del modelo cosmológico estándar utiliza una constante cosmológica, equivalente a una densidad de energía asociada al propio espacio. Pero existen otras posibilidades teóricas. Para distinguirlas hacen falta mediciones extremadamente precisas de cómo ha cambiado la expansión y de cómo han crecido las estructuras cósmicas a lo largo del tiempo.
Roman atacará el problema de varias maneras complementarias. Podrá estudiar la distribución tridimensional de galaxias, medir distorsiones por lente gravitacional débil y observar fenómenos transitorios útiles para reconstruir distancias cosmológicas. La ventaja no consiste solamente en que cada técnica sea precisa; consiste también en combinar observaciones independientes dentro de un mismo programa instrumental.
Eso es importante porque la cosmología moderna está entrando en una etapa donde los errores pequeños importan enormemente. Cuando una hipótesis predice diferencias de unos cuantos puntos porcentuales, medir mil galaxias no basta. Se necesitan millones, decenas de millones o cientos de millones y, además, un conocimiento riguroso de los sesgos del instrumento.
La gran amplitud de Roman convierte precisamente ese problema estadístico en una de sus fortalezas.
El universo como película: observar lo que cambia
No todos los mapas de Roman serán estáticos. Una parte de sus programas observará repetidamente las mismas regiones.
Cuando un telescopio regresa una y otra vez al mismo campo, puede detectar cambios: estrellas que varían de brillo, explosiones estelares, núcleos galácticos activos, objetos que se desplazan y fenómenos que sólo aparecen durante un periodo limitado.
NASA describe esta capacidad como una especie de fotografía cósmica en “time-lapse”. La comparación es útil. Una sola imagen puede mostrar dónde están las cosas; una secuencia revela qué está ocurriendo.
Uno de los tres grandes programas comunitarios de Roman es el High-Latitude Time Domain Survey. Otro, dirigido hacia el bulbo central de nuestra galaxia, repetirá observaciones para estudiar exoplanetas mediante microlente gravitacional.
Es muy probable que estos programas produzcan descubrimientos que no forman parte de la lista principal de objetivos. Ésa ha sido una constante en los grandes levantamientos astronómicos: cuando se observa el cielo de manera sistemática y se conserva el archivo, investigadores posteriores pueden hacer preguntas que no existían cuando se tomaron los datos.
Buscar planetas sin verlos directamente
Roman también realizará un censo de sistemas planetarios de la Vía Láctea. Una de sus técnicas principales será la microlente gravitacional.
La idea parte de la relatividad general. Si una estrella pasa casi exactamente frente a otra estrella más distante desde nuestra perspectiva, la gravedad de la estrella cercana curva y concentra parte de la luz del objeto del fondo. Durante un periodo limitado, la estrella lejana parece aumentar de brillo.
Si la estrella que actúa como lente tiene un planeta, la gravedad de ese planeta puede introducir una pequeña perturbación adicional en la curva de brillo. Analizando esa señal es posible inferir la existencia y algunas propiedades del planeta aunque ni la estrella ni el planeta sean observados como discos separados.
Esta técnica es especialmente valiosa porque detecta poblaciones distintas de las favorecidas por otros métodos. El método de tránsito, utilizado con enorme éxito por Kepler y TESS, funciona cuando un planeta pasa frente a su estrella y bloquea una fracción de su luz. La velocidad radial mide el movimiento de la estrella causado por la gravedad del planeta. La microlente amplía el panorama hacia planetas con órbitas relativamente amplias y puede detectar objetos de masas bajas y, en ciertas condiciones, planetas que vagan sin estar ligados a una estrella.

La versión actual de los planes de Roman prevé que su Galactic Bulge Time-Domain Survey observe una región extremadamente densa hacia el centro de la Vía Láctea. El enorme número de estrellas proporciona una gran cantidad de oportunidades para que ocurran alineaciones de microlente.
Las estimaciones sobre el número exacto de planetas que Roman descubrirá han cambiado a medida que se refinan los programas de observación, por lo que conviene tratarlas como proyecciones y no como resultados garantizados. NASA ha señalado que el conjunto de las capacidades de Roman podría revelar del orden de decenas de miles a alrededor de cien mil nuevos exoplanetas, dependiendo de qué métodos y programas se contabilicen. Lo importante científicamente no será sólo sumar nombres a un catálogo, sino medir cómo se distribuyen distintos tipos de planetas.
El coronógrafo: aprender a ver junto al resplandor de una estrella
El segundo instrumento de Roman tiene una función distinta. El Coronagraph Instrument no es el instrumento principal de levantamiento; es una demostración tecnológica.
El problema que intenta resolver es brutalmente sencillo de describir: un planeta es muchísimo más débil que la estrella a la que orbita. Incluso si un telescopio tiene resolución suficiente para separar ambos puntos, el resplandor de la estrella puede ahogar la luz reflejada por el planeta.
Un coronógrafo utiliza máscaras y un sistema óptico de altísima precisión para bloquear gran parte de la luz estelar y controlar las imperfecciones de la onda luminosa. Roman incorpora, entre otros elementos, espejos deformables capaces de realizar correcciones extremadamente pequeñas.
El objetivo no es convertir a Roman en una máquina general para fotografiar otras Tierras. NASA presenta el instrumento principalmente como una prueba de tecnologías necesarias para futuras misiones. Sus capacidades están orientadas a demostrar que es posible alcanzar niveles de contraste mucho mejores desde el espacio y obtener imágenes y espectros de ciertos planetas gigantes y discos de material alrededor de estrellas cercanas.
Si funciona como se espera, su legado puede ser tecnológico: ayudar a preparar los instrumentos que algún día intenten separar directamente la tenue luz de un planeta rocoso de la de una estrella parecida al Sol.
De hardware reservado a datos abiertos
Aquí aparece uno de los contrastes más notables de toda la historia de Roman. La óptica que inició su transformación moderna provino de una institución dedicada al reconocimiento nacional, un campo donde gran parte de la información técnica y de las operaciones permanece clasificada. El observatorio terminado funcionará con una filosofía científica prácticamente opuesta.
NASA ha establecido que las observaciones de Roman estarán disponibles públicamente sin un periodo propietario general para los datos de sus grandes programas. Eso significa que la misión no será únicamente una herramienta para el equipo que la construyó. El archivo será una infraestructura científica internacional.
Este detalle puede resultar tan importante como el propio telescopio. Los grandes observatorios modernos producen más conocimiento del que cabe en las preguntas originales de sus diseñadores. Hubble es un ejemplo: décadas después de su lanzamiento, sus archivos siguen utilizándose para investigaciones nuevas. Roman comenzará desde el principio con una escala de datos mucho mayor.
La capacidad de cubrir enormes áreas con resolución espacial alta significa que un solo programa puede contener información útil para cosmología, evolución galáctica, cúmulos de galaxias, estrellas variables, objetos del sistema solar, agujeros negros, exoplanetas y fenómenos que todavía no sabemos clasificar.
El telescopio observará una vez; la comunidad podrá volver a analizar los datos muchas veces.
Roman no reemplaza a Hubble ni a Webb
Cada vez que aparece un gran observatorio surge la tentación de presentarlo como el “sustituto” del anterior. Esa comparación sirve para titulares, pero describe mal la astronomía.
Hubble, Webb y Roman tienen capacidades que se cruzan, pero fueron diseñados para trabajos diferentes.
Hubble combina observaciones desde el ultravioleta hasta el infrarrojo cercano con una historia de más de tres décadas y una enorme flexibilidad como observatorio general. Webb posee un espejo de 6.5 metros, mucho mayor, y está optimizado para estudiar el universo principalmente en infrarrojo con una sensibilidad extraordinaria. Roman utiliza un espejo menor que Webb, del mismo diámetro que Hubble, pero lo combina con un campo de visión inmensamente mayor para ejecutar levantamientos.
Una analogía útil es pensar en tres investigadores. Uno dispone de una lupa extremadamente versátil y un archivo acumulado durante décadas; otro posee un instrumento capaz de estudiar objetos muy débiles y lejanos con enorme profundidad; el tercero está equipado para recorrer rápidamente una región gigantesca y construir el mapa que dice dónde están los objetos interesantes y cómo se distribuyen.
En la práctica pueden complementarse. Roman puede descubrir poblaciones, fenómenos raros o regiones especialmente interesantes. Webb, Hubble y otros observatorios pueden estudiar algunos de esos objetivos con instrumentos diferentes o mayor profundidad en determinadas longitudes de onda.
El verdadero salto: de observar objetos a medir poblaciones
La revolución de Roman no está concentrada en una sola característica espectacular. Su fortaleza surge de combinar varias: espejo grande, imágenes nítidas, infrarrojo cercano, enorme campo de visión, estabilidad desde L2 y programas repetidos de gran escala.
Esa combinación cambia la unidad de trabajo.
Durante buena parte de la historia de la astronomía, obtener una buena observación de un objeto distante era en sí mismo un logro. En la astronomía de levantamientos, el objeto individual sigue importando, pero aparece una segunda capa: la población completa.
Una galaxia puede contarnos una historia. Cien millones de galaxias pueden mostrar cómo se distribuye la materia en el universo. Un planeta puede enseñarnos que determinado tipo de mundo existe. Miles o decenas de miles permiten estimar qué tan común es. Una supernova puede ser fascinante; una muestra bien controlada puede convertirse en una herramienta cosmológica.
Roman está diseñado precisamente para ese salto estadístico.
Una misión cuyo nombre también cuenta una historia
WFIRST recibió en 2020 el nombre Nancy Grace Roman Space Telescope, en honor a Nancy Grace Roman, astrónoma que se convirtió en la primera jefa de astronomía de NASA y que desempeñó un papel fundamental en la creación del programa de astronomía espacial de la agencia.
Roman nació en 1925 y trabajó en una época en la que las mujeres encontraban barreras profundas para desarrollar carreras científicas. Después de trabajar en investigación astronómica y en el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, se incorporó a NASA poco después de la creación de la agencia.

Su trabajo administrativo y científico ayudó a establecer una visión que hoy parece obvia pero entonces era extraordinariamente ambiciosa: colocar grandes observatorios fuera de la atmósfera terrestre. Por su papel en la promoción del telescopio que se convertiría en Hubble, suele ser llamada la “madre de Hubble”.
El nombre tiene una coincidencia especialmente apropiada. Hubble demostró lo que un gran telescopio espacial podía hacer al estudiar el cosmos con una claridad sin precedentes. El observatorio que lleva el nombre de Roman conserva un espejo del mismo diámetro, pero lo utiliza para una era distinta: la era de los mapas inmensos, los archivos masivos y la astronomía estadística.
Lo que sabemos y lo que todavía no sabemos
Roman ya superó una de las etapas más arriesgadas de cualquier misión espacial: el lanzamiento y la separación inicial. Pero eso no equivale a afirmar que la misión científica esté garantizada.
Todavía debe completar su viaje, entrar en su órbita de operación, desplegar y activar sus sistemas, demostrar estabilidad, enfocar y calibrar el telescopio, caracterizar los detectores y comprobar que los instrumentos funcionan dentro de los parámetros necesarios. Sólo después comenzará la fase científica plena.
Tampoco sabemos cuáles serán sus descubrimientos más importantes. Podemos enumerar sus objetivos: energía oscura, materia oscura, evolución de galaxias, microlentes, exoplanetas, objetos variables, agujeros negros y astronomía infrarroja general. Pero los observatorios de gran campo suelen adquirir valor precisamente por lo que no estaba previsto.
Una encuesta que mida miles de millones de objetos crea un enorme espacio para las anomalías. Y una anomalía bien verificada puede convertirse en una nueva pregunta científica.
De mirar la Tierra a cartografiar el cosmos
La historia del Nancy Grace Roman Space Telescope no es una simple transformación de “espionaje en ciencia”. Es más interesante que eso.
La necesidad científica apareció primero. La comunidad astronómica quería un telescopio infrarrojo de gran campo capaz de estudiar la expansión cósmica y realizar censos de exoplanetas. Después apareció una oportunidad tecnológica inesperada: activos ópticos de 2.4 metros procedentes del NRO. NASA los estudió, rediseñó la misión alrededor de uno de ellos, desarrolló nuevos instrumentos y convirtió ese punto de partida en un observatorio completamente distinto.
El resultado combina dos tradiciones de la tecnología espacial estadounidense. De un lado, la ingeniería de óptica de alto desempeño desarrollada para observar con precisión. Del otro, la ciencia abierta de los grandes observatorios astronómicos.
Ahora esa combinación está viajando a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra.
Si todo funciona como está previsto, Roman no será recordado principalmente por el origen de su espejo. Será recordado por los mapas que produjo: enormes panoramas del universo capaces de revelar cómo se distribuye la materia, cómo ha cambiado la expansión cósmica, qué tan comunes son distintos tipos de mundos y qué fenómenos estaban escondidos en regiones del cielo que nunca habíamos observado simultáneamente con semejante extensión y detalle.
Hay una ironía difícil de ignorar. La tecnología de reconocimiento nació para reducir la incertidumbre sobre lo que ocurre en un territorio. Roman utilizará esa misma herencia óptica para enfrentarse a una incertidumbre infinitamente mayor: cómo funciona el universo.
Fuentes Consultadas
- NASA — NASA’s Dark Universe-Seeking Nancy Grace Roman Space Telescope Launches
- NASA Science — About Roman
- NASA Science — Frequently Asked Questions
- NASA Goddard Space Flight Center — Instruments and Capabilities
- NASA Science — Wide Field Instrument
- NASA Science — WFI Technical
- NASA Science — Observatory — Technical
- NASA Science — Study on Applications of Large Space Optics
- NASA — Core Survey by NASA’s Roman Mission Will Unveil Universe’s Dark Side
- NASA Science — Roman and Hubble

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